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No sólo para evitar que te vean como una persona tóxica o que te llamen “quejona”, ser optimista es una cuestión de salud no sólo mental, también física. Aun en las circunstancias más adversas, tener en cuenta algunos tips para levantar la cabeza y continuar, son imprescindibles para evitar enfermarte más adelante.

Seguramente en alguna ocasión hemos evitado saludar a una persona porque sabemos que su respuesta, más allá de realista, vendrá cargada con una lista de pesares terribles. En nuestras redes sociales, estamos inundados de noticias que nos llenan de negatividad y nos suman en el lugar común de la queja. En reuniones sociales o de trabajo, es casi inevitable tocar temas sensibles sobre economía y sociedad, pero, ¿cómo nos sentimos luego de esas pláticas? ¿no sentimos cierto agotamiento?

Estudios realizados por la Universidad de Pittsburgh y la Universidad de Helsinki en Finlandia, revelaron el efecto de los pensamientos negativos sobre la presión arterial, debido a que quienes tienen esta postura no se enfrentan activamente al estrés o a la ansiedad. Por otro lado, un reporte de la revista Women’s Health Initiative, reveló que las mujeres pesimistas son más propensas a fumar, ser sedentarias, sufrir sobrepeso, diabetes y colesterol alto.

Podríamos pensar que, una vez que los efectos de nuestros pensamientos negativos, se ven reflejados en nuestra salud, sólo tenemos que tomar el tratamiento indicado y listo; pero, al igual que con cualquier enfermedad, si no atacamos la causa, es poco probable que salgamos del cuadro porque se convierte en un círculo vicioso, por consiguiente, dejará de ser efectivo.

Cosiendo parches al optimismo 

Se dice fácil, pero sabemos que no lo es. Sin embargo, mientras más adversas son las circunstancias, mayor debe ser nuestro esfuerzo y creatividad por cambiar nuestros pensamientos negativos por otros que nos generen no sólo bienestar mental, sino también físico.

Empecemos poniendo en práctica algunos de estos consejos que conseguimos en Inspirulina.com y comprobaremos que las consecuencias positivas de cambiar de mentalidad, primero las veremos en nosotros mismos y luego, en un entorno que se volverá más sano y menos tóxico:

  • No reduzcas tu actitud frente a los obstáculos, asúmelos como un desafío inevitable.
  • Todos los problemas tienen solución. Tarde o temprano llegará.
  • Cambia tu actitud mental en cada uno de los aspectos de tu vida. Recuerda: puedes ver el vaso medio lleno o medio vacío. ¡¡Tú escoges!!
  • Cambia tu lenguaje, no utilices palabras como “nunca”, “siempre”, “no puedo” o “no sé”. El lenguaje y las palabras son una interpretación de la realidad.
  • Aléjate de las “personas tóxicas” que perturban el bienestar ajeno y que no aportan nada más que problemas y drama.
  • Demuestra gratitud por todo lo que te rodea y tienes.
  • Rodéate de personas entusiastas.
  • Escucha música y atrévete a soñar.
  • Aprende a decir no, te hará sentir seguro y mejor contigo mismo.
  • Cree en ti y en que puedes resolver cualquier problema que se presente.

Ser optimista no quiere decir evadir la realidad, sino creer que las cosas irán bien a pesar de los obstáculos, pero nuestra actitud frente a ellos es fundamental para conseguir soluciones efectivas que, además, disminuyan el nivel de estrés o angustia que por defecto generan en nuestro entorno. Generemos una cadena de positivismo, que nos permita cerrar este año haciendo un análisis de aquello que debemos mejorar, pero encarando el próximo con la determinación de que está en nuestras manos tener una mejor salud física y mental que debe comenzar por nuestra disposición a cambiar y ser cada día mejores seres humanos.


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